27.4.18

Primavera



Es una fría mañana de primavera,  el cielo grisáceo parece querer dejar paso a unos tímidos rayos de sol, miro al Orzán,  no acaba de vestirse de azul.
 Estoy cansada del  invierno, ha sido tardón pero ahora no quiere marcharse. Pese a todo, me pongo mi cazadora  primaveral,  para que se vaya enterando ese cielo gris, y  salgo a dar un paseo,  tengo ganas de oler y sentir la brisa del mar.
Allá me voy decidida con  mi música, ahora me acompaña mi vieja  amiga Mercedes, Sosa, por supuesto….
Apuro el ritmo,  Mercedes  me  cuenta que mañana se va p’al norte a cantarle a los norticos…  Ya siento la brisa en mi cara,  la ¿brisa…? Tremenda bofetada, ¡todos los vientos del Orzán han salido  a saludarme!  
Yo soy una mujer decidida, y he resistido vientos del Orzán, matutinos, vespertinos, y nocturnos.
Has dicho que vas a pasear por el Orzán  hasta la Torre, ¡fuerza de voluntad, sigue!  Se enfada mi  otra yo,  que a veces se queja de mi pereza,  ¿te vas a asustar  por un airiño de nada?
Mercedes canta Gracias a la vida… y yo también le doy gracias a la vida y a ella que me ha hecho tan feliz con sus canciones.
Llena de remordimiento, sigo,  miro  a las Catalinas, se ríen de mí:
-Nena,  ¿a onde vas?  ¡As da Coruña estades tolas!
Apuro el paso,  toda encollidiña,  cheíña de frío”,  cantan ahora mis queridas pandereteiras de Baio, aquello era una galerna… 
Doy la vuelta por la Cormelana,  al recordar algo importante,  aunque sea una mujer decidida,   para pasar a  Ponte da Baio de madrughada, necesito con urgencia una bufanda.
Está acabando el invierno, no voy a comprar una, ¿verdad? Sería un consumismo imperdonable en mí, quita,  me acerco hasta casa a buscarla y bajo otra vez. ..