Es una fría mañana de primavera,
el cielo grisáceo parece querer dejar paso a unos tímidos rayos de sol,
miro al Orzán, no acaba de vestirse de
azul.
Estoy cansada del invierno, ha sido tardón pero ahora no quiere
marcharse. Pese a todo, me pongo mi cazadora primaveral,
para que se vaya enterando ese cielo gris, y salgo a dar un paseo, tengo ganas de oler y sentir la brisa del
mar.
Allá me voy decidida con mi
música, ahora me acompaña mi vieja amiga
Mercedes, Sosa, por supuesto….
Apuro el ritmo, Mercedes me
cuenta que mañana se va p’al norte
a cantarle a los norticos… Ya siento
la brisa en mi cara, la ¿brisa…?
Tremenda bofetada, ¡todos los vientos del Orzán han salido a saludarme!
Yo soy una mujer decidida, y he resistido vientos del Orzán, matutinos,
vespertinos, y nocturnos.
Has dicho que vas a pasear por el Orzán hasta la Torre, ¡fuerza de voluntad, sigue! Se enfada mi otra yo, que a veces se queja de mi pereza, ¿te vas a asustar por un airiño de nada?
Mercedes canta Gracias a la vida…
y yo también le doy gracias a la vida y a ella que me ha hecho tan feliz con
sus canciones.
Llena de remordimiento, sigo, miro a
las Catalinas, se ríen de mí:
-Nena, ¿a onde vas? ¡As da Coruña estades tolas!
Apuro el paso, “toda encollidiña, cheíña de frío”, cantan ahora mis queridas pandereteiras de
Baio, aquello era una galerna…
Doy la vuelta por la Cormelana, al recordar algo importante, aunque sea una mujer decidida, para pasar a Ponte da Baio de madrughada,
necesito con urgencia una bufanda.
Está acabando el invierno, no voy
a comprar una, ¿verdad? Sería un consumismo imperdonable en mí, quita, me acerco hasta casa a buscarla y bajo otra
vez. ..